sábado, 11 de febrero de 2012


El aroma del café II La risa humana

. sábado, 11 de febrero de 2012


La segunda sesión de esta Cuarta Temporada de Café con Kant se presentó algo más tranquila que la inauguración, un ambiente distendido que favorece el tema que se va a tratar: la risa. Francisco Rodríguez Valls, profesor de la Facultad de Filosofía de la US, viene a hablarnos de un tema con gracia, aun tomándolo con seriedad; es importante y necesario hablar de la risa.

"Toda crisis es tal porque no nos deja reír"

La risa se presenta como algo cotidiano, algo humano, quizá su parte más excitante. Ya decían los antiguos, comentaba el invitado, que la risa es un “proprium” humano, algo propiamente nuestro. Y, aunque los animales también se ríen, vamos a hablar de la risa humana.


Para los escolásticos, la risa era manifestativa de inteligencia. Recordando la película “En busca del fuego” de Annaud, Rodríguez Valls nos señala que para los Neandertales del film, es aprender a reír con los Sapiens lo que les hace humanos.

Pero hay que ponerle patas a esta abstracción que hace la risa. La risa es un fenómeno biocultural, es decir, del cuerpo y del alma. Concretamos que se va a hablar de la risa que va ligada a la alegría y que es involuntaria, ya que otras formas no tienen el mismo efecto ni físico ni psicológico.


En primer lugar reconocemos que todos los hombres se ríen, pero no de las mismas cosas. Existen distinciones en espacio y tiempo. Respecto al espacio, el Valls pone un ejemplo de Marta Nussbaum, acerca de cuando vivía en Bali:

“Allí tenía una sirvienta, a la que un cierto día se le murió un familiar. La sirvienta, en lugar de mostrar pena y abatimiento, mostraba una amplia sonrisa, cosa que extrañó a Nussbaum. Con todo la sirvienta pidió a su jefa unos días para ir al entierro, cosa que, con ciertas reservas, le concedió. A su vuelta, aún seguía sonriendo ampliamente y, Marta Nussbaum, pensando que había sido engañada por su sirvienta y que siendo la muerte del familiar falsa, esta habría usado los días como descanso, le preguntó. La sirvienta le respondió que estaba mal visto mostrar tristeza a la muerte de alguien cercano y por eso, en su cultura, ante la muerte, la gente sonreía.”


Con respecto a la distinción en el tiempo, nuestra sensación ante lo que nos provoca risa va cambiando no sólo con la edad, también con el paso del tiempo sobre las culturas. Así, aludiendo al anuncio de Benetton en el que aparecen diversas autoridades internacionales besándose, a nosotros tal vez no nos escandalice e incluso nos haga gracia cuando hace algunas décadas (¡E incluso actualmente!) para muchos era algo impensable. Así, por ejemplo, la risa sobre el poder tiene un efecto despotenciador, y sobre aquello que resulta inconcebible reírse (lo sagrado), la acción de la risa es distensiva, relajante.


Pero, ¿por qué nos reímos? Para los griegos, nos reímos de lo que está “por debajo” nuestro, es decir, lo lejano, lo que vemos desde la seguridad. Esta lejanía “risible”, se va a sustituir en el XVIII por la “Teoría de la Incongruencia”, primero apuntada por Hutcheson y más tarde retomada por Schopenhauer.

Esta teoría achaca la risa a la incongruencia entre un objeto y los objetos reales relacionados.


R. Valls nos pone como ejemplo un chiste en el que se da esta incongruencia:

- Oye, te vendo un camello.

- Bueno, ¿Y para qué quiero yo un camello vendado?

La gracia, el chiste, lo produce la ruptura con lo real, el desfase entre la situación mentalmente representada y la situación real que se descubre. Así nos adentramos en una caída en el ridículo, asistiendo a la transformación de una idea que se queda en nada. Y si desaparece la realidad, subimos a la abstracción.

Para aparecer la acción de la risa se tienen que dar tres requisitos:

- Aumento cognoscitivo. Es decir, una ampliación del margen de lo real posible en la acción. Esto es normal, ya que no nos reímos de un chiste que ya conocemos.

- Observación desde un lugar de seguridad.

- Libre juego entre lo real y lo ficticio. En el chiste, por ejemplo, anticipamos según lo que conocemos, y causa risa cuando esto queda en nada y aparece algo inesperado.


Así, por ejemplo en el juego del escondite, nos cuenta R. Valls, nos reímos cuando estamos escondidos y el que nos busca se encuentra muy lejos de nosotros, porque percibimos como el concepto o representación dela realidad de esa persona no es igual a la nuestra, sabemos que se equivoca en algo que nos parece obvio.

Rodríguez Valls nos introduce también, a grandes rasgos, en los distintos tipos de risa alegre e involuntaria que nos encontramos. Así, partiendo desde Aristóteles, distinguimos entre una risa menor, chabacana, o chocarrera; sería esta una forma de risa que recuerda que el hombre es humano, es un humor de recuerdo de la realidad, de verse atado a la tierra pese a trascender.


La otra forma, la risa mayor, de un contenido intelectual más alto, sería una risa más refinada y pulida; aquella que nace fruto de dar a entender lo contrario de lo que se dice, como una forma de ir por encima de las palabras a la realidad. Que sería la máxima expresión de la ironía. Es curioso apuntar que esta risa, la risa irónica, corre el peligro de convertirse en risa del absurdo, risa posmoderna, mediante la cual todo lo que se considera serio se acaba rompiendo. Es una risa nihilista, destructora, apocalíptica.

En conclusión, hay cosas, como la muerte, que no se pueden pensar, que son límite de nuestro pensamiento. ¿Está la realidad al alcance de la mano o sólo podemos reírnos de ella? Sería una pregunta interesante de abordar.

La risa, nos explica Francisco R. Valls finalizando el coloquio, es una forma de buscar y acceder a esos límites, y aunque no nos ayude a entenderlos, sí que puede hacérnoslos menos pesados. A fin de cuentas, cuando nos reímos con alguien, y esto es importante, es que nos hemos entendido.


El Rincón del artista


La segunda vez que asomamos la cabeza por el rincón del artista esta temporada nos encontramos a unos prometedores jóvenes emprendedores que han sabido dar forma y lustre a un negocio no poco arriesgado hoy en día como es el del mundo editorial.

Presentamos Ediciones En Huida, curioso nombre que nos evoca en un salto el placer de la lejanía y la disgregación del mundo al que tantas veces nos conduce lo literario. El ambiente se hace más íntimo, más recogido, el propio para hablar de poesía. La editorial es tremendamente nueva, cosa que extraña a unos pocos, porque la cris que acecha no es solo económica, sino también lectora, recordemos, una vez más el tan traído y llevado informe Pisa. Pero, aunque los lectores sean pocos, son fieles, y al final, la edición de literatura, o poesía, se convierte en el producto refugio de muchos. Lo importante es tener un buen catálogo y desarrollar un acervado ritmo cultural.

Hoy nos presentan dos títulos, para ello estamos bien acompañados de sus creadores; Carmen Ramos, autora de “Poliédrica”, y Martín Lucía, autor de “Los Desperfectos”.

Se van turnando mostrándonos la génesis y el desarrollo de sus poemas. Carmen nos muestra su visión de la vida, poliédrica como su obra, con muchas caras y una intensa pluralidad de mundo. A su vez, Martín nos habla desde una profundidad cuasi antropológica de quienes somos:

“Somos los desperfectos y ya no soñamos

que poema alguno nos libere. Tú tampoco.

Por eso callamos, mientras intuimos

que vienen a por nosotros.”


Carmen nos recuerda las “Cosas sobre las que nunca podré escribir”, esas cosas que nos que nos retrotraen en el tiempo, que nos provocan:

Como cuando era chica

y me quitaba las postillas de las rodillas

y la pequeña heridita volvía a sangrar.

Son poemas íntimos, personales, que hablan de relaciones, de perímetros, de las cicatrices más hondas, y de los recuerdos más tiernos.

Así, Martín recuerda “El barrio, los amigos”, los que allí quedaron y los que han seguido adelante,que si bien todos con pesares y a la postre vencidos, siempre queda algo “que les hace sonreír / en horas insospechadas”. Y es que, para quien sigue adelante, y va evolucionando con su vida, también encuentra el pesar, ya que el mundo no es el hogar de los padres.


Carmen se lanza con “Poema en mudanza” a un nuevo lugar donde experimentar vida, donde encontrar (o más bien, que le asalte) el Poema que estaba esperando:

Son las cuatro de la mañana.

No puedo dormir.

Como reconstruyendo un puzle intento

-hasta ahora con poco éxito-

encajar las piezas de mi poema... mi vida.

¡Qué inextricable laberinto! Pero para ello, alza su estandarte de salvación, la persona amada.

Y para qué más.

Martín se abre con “Mi vientre cosido”: “Cómo nombrarte, amor, y no desangrarme”.

Habría mucho más que contar y, desde luego, mucho más que escuchar. Son muchos versos los que pueblan sus poemarios, y sus cabellos, cargados de anhelos y nostalgias, y de vidas.

Ellos y muchos otros poetas reunidos giran alrededor de Ediciones En Huida; se van abriendo camino, que duda cabe, y labrando un especio en la oferta cultural y literaria de nuestra ciudad; queda mucho por hacer pero, por lo visto y lo sentido, estamos seguros que nos van a hacer disfrutar mucho en su camino.

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