lunes 27 de junio de 2011


El ÚLTIMO AROMA
Filosofía de la basura

. lunes 27 de junio de 2011


Hoy tenemos el honor de contar entre nosotros a uno de los filósofos más emblemáticos de nuestro país. Autor de la famosa revista THÉMATA y otras muchas publicaciones, y que nos trae un sorprendente, revelador y original tema a nuestro Café con Kant: “Filosofía de la basura”.
Se trata nada menos que del catedrático Jacinto Choza.
Un gran invento del siglo XX es EL RECICLAJE. El concepto de basura ha desaparecido. No tenemos un “afuera” donde echar la basura. Todo se recicla: basura, ideas, opiniones, argumentos, religiones, personas, etc.
Pero primero veamos una definición de “basura”: un caos intracultural, o generado dentro de la cultura. Lo que no es cultura humana, es basura.
La cultura es lo que resulta de procesar el hombre la naturaleza. Al resultado de este procesamiento lo llamamos cultura. En la antigüedad se le llamaba “cosmos”, orden. Y lo que no es cosmos, es “caos”, y no tiene sentido humano.
Cosmos es ordenar la naturaleza en sentido humano.
Hegel: la actividad propia del hombre es el trabajo, y el trabajo es transformar la naturaleza al servicio del hombre. Esto es generar un cosmos, y todo cosmos tiene un caos, lo que no está integrado en el mundo humano, es la basura.
Ahora tenemos una idea clara de lo que se entiende por basura. Pero esto no ha hecho más que empezar.
Para los griegos caos es lo exterior. ¿Qué era lo exterior? Empecemos por Aristóteles. Para él la piratería era algo natural. Para Cicerón, tres siglos después, ya no, porque existe una administración política que ordena el mundo. El imperio romano supone la primera unificación humana. Se hace responsable del mundo conocido.
Se conectan y se comunican de manera segura y permanente puntos muy distantes, como Cádiz y Estambul.
Para ellos la piratería no es natural porque no hay un afuera al cual puedan ir a tirar cosas o a coger cosas (este era el concepto de los griegos del afuera: lugar donde obtener caza, objetos necesarios y esclavos), porque ya no hay un afuera político ni geográfico.
Hay aun menos afuera después de Colón, y menos aun después de la O.N.U.
Mientras se desarrolla el concepto de basura como residuo doméstico, a partir del siglo XVII y más aun en el siglo XVIII, con la revolución industrial.
Y a comienzos del siglo XX con la conquista del espacio, comienza el concepto de “basura espacial”.
Pero en los años 70-80 aparece un sentido de la responsabilidad humana nuevo: tenemos que ocuparnos de nuestros desechos físicos y humanos.
Se produce la abolición de la pena de muerte en los años 60. No podemos matar a nadie, no podemos expulsar a nadie de la existencia. Antes existía el destierro en un afuera. Ahora no hay afuera, así que hay que “RECICLAR”. Reciclaje civil (de los ciudadanos que cometen delitos, en las cárceles), reciclaje industrial, reciclaje de los desechos domésticos.
Tal es la confianza en nuestra capacidad de reciclaje, material y moral.
¿Por qué desaparece la idea de infierno o de cielo? Porque desaparece la idea de exterioridad. Nos cuesta trabajo creer que Dios pueda ser más torpe con su capacidad de reciclaje que nosotros.
Nuestro organizador, Nizaar Vizcaíno plantea una cuestión: esa idea de la pena de muerte y del reciclaje es desde un punto de vista moral, por ejemplo,  del nazismo: la muerte de los judíos y otras culturas era un reciclaje de la raza aria.
Don Jacinto le responderá que para Hitler hay un afuera, para los talibanes hay un afuera, para Al Qaeda también… pero para nosotros no. “¿Quiénes somos nosotros?”, preguntará nuestro organizador. Jacinto: “la O.N.U.”
A partir de que aparece la escritura, la propiedad privada, ésta se diferencia de la posesión porque hay una escritura que reafirma o sanciona la propia comunidad.
A partir de aquí aparece el mundo oficial, el mundo escrito. El mundo real se duplica.
En el siglo XX esto del mundo duplicado incluso se hace más complejo: lo oficial y lo “oficioso”, lo real y lo virtual, etc. Y entre medio de cada parte, hay un resquicio por donde se escapan cosas, las que no podemos absorber dentro de nuestro cosmos, al cual llamamos legalidad. Esa brecha, ese vacío, esa “exterioridad” en nuestro cosmos son los “sin papeles”, los que pasan hambre, etc.
La basura hoy en día se corresponde con la ilegalidad… aunque Jacinto en este punto no está muy seguro, porque la ilegalidad no es un caos, es un cosmos precario. La economía sumergida no es basura, aunque sea ilegal.
“La esencia de lo humano consiste en dar razón de sí mismo y de sus actos”. Con esta frase Jacinto Choza da un giro al debate. Nos dirigimos ahora hacia el derecho.
Nos cuenta una anécdota. Le pregunta a un amigo juez cuál es la persona juzgada que más benevolencia despierta en el juez. Para su asombro, el amigo le responde que “el homicida”, porque es un individuo como tú o como yo que las circunstancias le han llevado a quitar la vida a alguien, pero que cualquiera en esas circunstancias hubiera hecho lo mismo (ojo, un homicida no es un asesino).
Ahora una oyente afirma que el motor de la economía mundial es el consumo, y que habría que disminuir el consumo… Jacinto le responderá que en vez de disminuir el consumo, ¿por qué no aumentar el reciclaje? A partir de aquí el debate gira hacia el ecologismo.
Jacinto defiende que tenemos planeta para siete humanidades, que nuestros recursos son infinitos. Algunos asistentes disienten de esta idea.
“La riqueza es lo que uno puede hacer, sabe hacer y puede dar a otro”. Casi con esta frase Jacinto deja zanjada la cuestión.
Aquí termina la última sesión de esta temporada de Café con Kant. Las últimas palabras de Jacinto Choza resumen lo que para todos nosotros ha significado esta tercera temporada: “me lo he pasado geeeeenial”.


El Rincón del Artísta

GUILLERMO ALVAH

Comienza con Guillermo presentándose y hablando de sí mismo. Se baja de la tarima y pone la silla en el suelo, para poder estar más cerca de nosotros.
Empezamos escuchando una historia cotidiana. “Nando y Laura”.
Ritmo bailable, mezcla de country americano... mezcla de reggae. Historia cotidiana trágica.
“Los ojos de Laura escondían una gran verdad…
La soledad que acecha a ciertas mujeres es toda su esencia”.

Ritmo temperado ahora susurra, ahora regresa con fuerza a la guitarra.
Y no se le caen los anillos a este músico si se coloca un collar que le permite tocar la armónica a la vez que la guitarra.

Con cada canción se hace un pequeño relato corto. Historias que muestran cortos narrados.
“Silvia se despierta algo mareada
Busca un spidifrén para la resaca.
Había encontrado al cerdo de su novio
En un garito sobre las tres.
Hijo de puta que te den.”

Con el pie toca la pandereta, que está apoyada en el suelo. Su voz vibra, acompasada perfectamente por la guitarra.
Ritmos que se detienen siempre en el momento adecuado, el country, bluegrass del Texas americano, Johnny Cash resuena en su voz… Una voz cavernosa, vibrante, potente y sonora, llena los huecos de los espacios vacíos.
Y esa triste armónica…
“Silvia se relaja sentada en el porche ante el futuro incierto de una vida de placer,
Se sorprende sonriendo casi sin querer…”.

Y las letras…
“Nadie sabe nada de mí
De lo que soy capaz
Si alguna vez te encuentras conmigo
Ten cuidado porque puedo estallar.
Nadie sabe nada de mí
Y no es casualidad.”
Su pequeño arpegio triste que llama la esencia de un hombre solitario imposible de atar.
“Si me encuentras sonriendo en el sigilo,
Recuerda,
No sabías nada de mí”.
Una voz que atrapa, seduce y nos lleva, resuena por todo nuestro cuerpo.

Y de nuevo tenemos la suerte de poder escuchar uno de sus hits, “ciudad carretera”:
“En la ciudad carretera las chicas se pintan de sangre los labios y se perfuman con el aroma de amantes heridos”

El ambiente queda seducido por la magia de Guillermo Alvah, nos transporta a otras ciudades.
Podemos ver esos nombres, esos labios pintados de sangre, esos desfiladeros mortales.
Un cúmulo de sensaciones se agolpa en nuestros corazones, “en la ciudad carretera, nunca pasa nadie, nunca suena nada, pero el viento cuenta leyendas que nunca dejarán el tiempo tranquilo”

Quizás porque sus ritmos trepidantes y sonoros, sus arpegios cadenciosos, su voz cavernosa y vibrante nos atrapan desde el principio, no es fácil darse cuenta de que nos encontramos ante un gran músico, pues su arte es sutil…

En primer lugar su habilidad con el ritmo… Sabe cogerlo y soltarlo, introducirnos y alejarnos, llevar la cadencia hasta más allá del instinto básico del ritmo… Cuando nos damos cuenta estamos tamborileando con la mano, dando con el pie en el suelo, asintiendo con las cabezas… y cambia lo registros de voz ¿Cuántos personajes nos muestra en una sola canción?
Cuando nos hemos instalado en una cadencia concreta que empezamos a disfrutar, de repente nos suelta y nos deja en suspenso, sin saber qué va a ser lo siguiente, y ya sea con su voz sola, con un arpegio o un golpe de armónica nos introduce en un nuevo giro rítmico, variando una y otra vez el relato sonoro como la vida misma.


“La noche que decidimos no volver.
Medio rostro iluminado por un amago de amanecer.
Tu viejo Citroën y este acantilado,
La noche que decidimos no volver”.

¿Y lo que hace con los modos? Habitualmente los acordes “mayores” se utilizan para expresar sentimientos alegres, y los “menores” sentimientos tristes.
Bueno, Guillermo Alvah hace auténtica magia con los modos de los acordes. ¿Cómo se puede cambiar en una sola canción constantemente de modo mayor a modo menor, de la alegría a la tristeza, cambiando el ritmo, suspendiéndolo, variándolo… y siempre con la sensación de que sentimos un todo armónico que nos seduce y nos lleva? … ¿y qué me dicen de las letras? Bueno, para esto, tienen que venir a verlo.
Una última nota. ¿Cómo se puede transmitir tanto entusiasmo, candor, humor, ritmo y ganas de bailar utilizando únicamente acordes menores, supuestamente los acordes utilizados para la tristeza? Eso tienen que preguntárselo a este gran músico.

Guillermo Alvah habla de sí y de nadie más, de sus cuitas y sus saberes, de lo que no entiende y de lo que no tiene sentido. No es un hombre de ahora ni de los de antes, simplemente ve el mundo a través de sus ojos… “sólo busco mi camino”.

Review de Guillerno fernández
Maquetación, Nizzar vizcaino
Fotografía, Marta Jiménez

A.C Alcadya

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