jueves, 2 de junio de 2011


EL AROMA DEL CAFÉ V
Cerebro, Emociones y Libertad

. jueves, 2 de junio de 2011

De nuevo nos visita un viejo amigo, uno del cual tenemos el placer de decir que nos ha acompañado en todas las temporadas de Café con Kant. Nos ha visto nacer y crecer. Nos ha abierto siempre sus puertas y nos ha mostrado en todo momento su hospitalidad y su disponibilidad. Tenemos el placer de presentar, una vez más a Don Francisco Rodríguez Vals.

En esta ocasión nos va a hablar de las emociones. Francisco empieza haciendo una exposición de la peculiaridad de las emociones. ¿Para qué sirven? Muchas veces nos ponen en un compromiso, como la ira y la vergüenza. Por otro lado… ¿la expresión facial de las emociones es universal? ¿y los animales? ¿tienen emociones? Y por último ¿existe la razón sin la emoción? ¿y ésta sin la razón? El debate se plantea sumamente interesante.

A partir de aquí nuestro invitado hará un recorrido desde cierto punto de vista histórico: Phineas Gage (1823-1860): es el primer caso de lesión cerebral acompañado de trastorno de conducta documentado.


El 13 de septiembre de 1848 Phineas Gage estaba trabajando a las afueras de Cavendish, Vermont, en la construcción de una línea de ferrocarril. Su puesto era de capataz y en general era un hombre eficiente y capaz.Ese día Phineas en un descuido, mientras preparaba la pólvora para la excavación, olvidó echar la arena antes de presionar con la barra sobre la pólvora misma, por lo que al hacerlo hubo una chispa que hizo que explotase la pólvora. Esta explosión a su vez provocó que la barra de metal saliese disparada atravesando el cráneo de Gage y aterrizando a casi 30 metros de distancia. La barra, que medía un metro de largo y más de 3 cm de diámetro y pesaba 6 kilos entró a su cráneo por la mejilla izquierda y salió por la parte superior tras atravesar el córtex cerebral anterior.

Sorprendentemente Gage no solo no murió en el accidente, sino que se mantuvo consciente en todo momento.

Sin embargo el accidente tuvo desastrosas consecuencias en su comportamiento. En palabras del doctor Harlow “, "el equilibrio o balance entre su facultad intelectual y sus propensiones animales se había destruido". Tras pasar la fase aguda Gage se volvió irregular, irreverente, blasfemo e impaciente. A veces era obstinado cuando le llevaban la contraria, pero por otro lado pese a que continuamente estaba pensando en planes futuros "los abandonaba mucho antes de prepararlos"; y era muy bueno a la hora de "encontrar siempre algo que no le convenía". Todo esto a pesar de que previamente al accidente era un hombre responsable. Su matrimonio terminó, ya que su esposa consideraba que él ya no era el mismo de antes y era mucho más agresivo.

El caso de Gage está considerado como una de las primeras evidencias científicas que sugerían que la lesión de los lóbulos frontales podía alterar aspectos de la personalidad, la emoción y la interacción social.

Con este caso Don Francisco nos introduce en el misterioso campo del cerebro y la emoción, y nos deja planteada una pregunta: ¿qué fuerza, capacidad tiene el hábito para influir o modificar las emociones? El hábito es algo cotidiano. ¿Qué relación tienen la emoción y la razón en la formación del hábito?

Este caso muestra que después de una lesión en el lóbulo frontal izquierdo, la persona conserva una racionalidad perfecta, sin embargo sus emociones se han visto drásticamente alteradas. ¿Es esto una evidencia de que la emoción y la razón existen de manera separada?


Y nuestro invitado nos deja una respuesta que aún nos sugiere nuevas preguntas: Aristóteles: “la razón por sí sola pude argumentar hasta el infinito”. Quien toma la decisión en un momento dado es la parte emocional.

Después de un intenso debate y numerosas aportaciones de nuestros asistentes, Don Francisco se dedicará a dejarnos una serie de sabrosas conclusiones.

Primero: la emoción es un mecanismo homeostático (de autorregulación) favorecido por la evolución. “Todos los organismos vivos nacen con dispositivos diseñados para resolver automáticamente, sin que se requiera del razonamiento, los problemas básicos de la vida”.

Segundo: la emoción es la evaluación que el cuerpo hace de su situación externa e interna y el impulso que le lleva a responder a ella. Y en este caso no solo hablamos de cerebro… ¿la emoción como un sistema generalista?

- Lo que te gusta: lo que te afirma

- Lo que te disgusta: lo que te niega


Tercero: William James, “Principios de psicología”. Si a una emoción le quitamos todos los síntomas corporales… no hay emoción. Así que la emoción debe ser algo del cuerpo. “El goce de la razón es el goce del  hombre que razona”.



Y para terminar Don Francisco Rodríguez Vals nos extiende un nuevo campo de análisis donde trepidantes líneas de pensamiento se abalanzan desde la concurrencia, ávida de más conocimiento. Estas tres conclusiones son para hablar de la naturaleza y utilidad de las emociones. Pero ¿para qué sirve la razón? Y aquí nuestro asistente nos dará auténticas sorpresas:

- Para equilibrar las emociones.

- ¿Cuándo el pensamiento se separa de la vida práctica? Para comprender el teorema de Pitágoras, no necesitas estar fuera de una depresión.

- ¿Y la cultura como represora de los instintos?

- La experiencia reactualiza la razón continuamente. La razón quita el objetivo último de la supervivencia y lo sustituye por algo evaluable.


Y nuestro invitado termina con una idea.

- Las emociones son moralmente neutras. La voluntad puede  hacer bien o mal, pero lo que sientes, ni es bueno ni es malo (Santo Tomás).

- La razón reelabora las emociones: si yo nazco, crezco, me reproduzco y muero, biológicamente llego a la plenitud, como los animales, pero personalmente no llego a la plenitud. Así que la razón reelabora el sentido de las cosas para tener otras emociones.

Son dos instancias diferentes, a nivel biológico y a nivel práctico. Así que hay que ponerlos de acuerdo. Nada más, y nada menos. Con un gran aplauso, Don Francisco se despide de nosotros en una sesión más en “El Platea” de Café con Kant.


El Rincón del Artísta


Artistas: Antonio Caballero Y Carlos Abad.

A través de un relato mágico, narrado en nueve canciones, Antonio y Carlos nos llevan a un viaje de los sentidos, de los sueños y del corazón.

1


“No te encontré de casualidad

Nunca busqué ningún sentido.

Si alguien me busca, tal vez me pueda encontrar…”


La guitarra se mueve, nos mueve… por dentro el ritmo percusivo de los acordes nos levanta el ánimo del tirón.

Piano y guitarra, acompasados, uno lleva al otro, el otro inicia al uno.

“Y a pesar de los años somos siempre los mismos”.


Salimos de allí con el corazón henchido,

“Nunca sabrás si estás despierto

 Nunca sabrás si estás dormido”.


2


Les encanta el blus, un regalo aunque ya no esté de moda. Nos dice que ha influido mucho.

“El mismo blus de siempre”.


Un blus amable y cariñoso, nostálgico y apasionado, como ellos mismos.

“Y la melodía del mismo viejo blus…”

“Te sientes tan solo en un desierto de gigantes…”


Y suena ese ritmo soterrado, subterráneo y fugaz, ese soniquete de antaño, ahora la música se ha vuelto acústica, los sonidos de los clásicos de Hollywood nos hablan a través del teclado, el blus charlestón de “el golpe”, década de los 20, los 50, los 90… todo en la misma canción.


Curiosa mezcla entre cantautor y blusero, compaginando lo mejor de cada uno, el sabor añejo con el romanticismo contenido…

“Si se hace de día y no estás tú,

Oigo la melodía,

El mismo viejo blus”.


3


Canción de AMOR y de HUIDA

 “Creo que he vuelto a nacer dentro de tu piel. Soy alguien mejor”.


Escalas ascendentes alternan con las descendentes en un arpegio suelto, canción que resuena con los primeros temas ochenteros de mecano. Sencillamente delicioso. Básicos de Depeche Mode… Antonio y Carlos demuestran su calidad como músicos. Y ese punteo clásico, roquero, blusero… todas las fuentes alimentan a la misma alma de Carlos Abad, y el acompañamiento insólito y placentero, da sentido a todo el momento, y sencillamente nos transporta.


“Lo sé, no voy a cambiar, nunca lo intenté y ahora no hay necesidad”.


4


Y ahora, una versión.

Canta en inglés, suena a Beatles de la segunda época. Se nota que ha estado en “los escarabajos”. Su corte John Lenon nos recuerda el movimiento de cabeza, las posturas, los espasmos y melismas beattlenianos.


“Nobody knows you”.


5


“Te estoy echando de menos

Tal vez nos volvamos a ver

Pero si soy sincero,

Creo que no vas a volver”.


“Puedes estar tranquila

Tienes tu sitio aquí.

Dicen que así es la vida,

Pero no me acostumbraré

A estar sin ti”.


A mitad de canción hay un cambio de ritmo, sonido vals-tiovivo… recuerda su infancia con su abuela.

“Yo guardo tu memoria

Tú habla bien de mí”.


El ritmo pausado, cadencia sincrónica perfecta… y como un tiovivo girando, risas y música de carrusel, estamos en un vals… salones victorianos empañan la escena, damas, caballeros y al fondo de la sala un niño de la mano de su abuela.


6


“Lo tenías claro y no quisiste entender

Que mordías la mano que te daba de comer”.


La melancolía entró por la puerta del Platea, “si nada va a cambiar, nada va a cambiar…”.


“Canciones de desamor aparecidas, calles de la memoria que volveremos a recorrer, se repite la historia, y te preguntas qué hacer”:


Matices emocionales que cambian como las luces de un semáforo, movimiento estroboscópico que nos da sensación de continuidad…

Y ese arpegio infinito que no nos deja, movimiento mágico, que el teclado sostiene rotundo, dará el peso y la gravedad que nos hacen asentarnos en el suelo.


“Si nada va a cambiar, nada va a cambiar”.


7


Canción de reconciliación. Arpegio infinito, arpegio indómito, que nos arrastra, nos lleva, nos atrapa por el mismo centro y nos eleva…


“Tú tenías razón, todo estaba dentro de algún corazón”.


Maravillosa, preciosa, mágica.



8


La identidad y la alteridad. Canción filosófica.

Volvemos a los inicios, a los comienzos, alegría desbordante que corre por el mástil de la guitarra de Antonio, de los dedos en el teclado de Carlos, y el sonido llena el vacío que traemos desde la caída, desde el inicio de la ruptura.


“Demasiadas vidas vividas para distinguir la realidad

 como una mentira repetida que acaba pareciendo verdad”.


Antonio nos regala un solo de teclado, un solo de cielo, azul y llano, brisas frescas, resbalando por acantilados, como crines de caballos salvajes que corren…


Exquisito, estupendo, endiablado y emocionante.


9


Y una canción dedicada a “Familia Corleone”, grupo madrileño que compuso la música de esta canción.


Infinita, creativa, del desierto viniendo de lejos… “si hoy amanece… mira, todo irá bien”. Canción sublime cargada de promesas… un futuro incierto pero hecho en realidad a nuestra medida.

Y como cascada caída en el centro del agua, ancha de una poza, sumergidos en ella, la canción nos baña, nos acoge y nos promete un lugar mejor.


Por fin, extasiados, redimidos y saciados, terminan estas letras, esta compás desmesurado que nos ha llenado, nos ha atrapado, y nos ha servido de bien catártico para las próximas veinticuatro horas, donde seguiremos soñando luces nuevas y atardeceres soñados, mágicos.


Finaliza así, una vez más, otra impresionante sesión de Café con Kant.


Review de Guillermo Fernández.

Maquetación Nizzar Vizcaíno.

Fotografía Marta Jiménez.

A.C Alcadya

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