Nuestra invitada, con voz rasgada y mirada penetrante, nos hace cómplices desde el primer momento: “Me hace mucha ilusión tener tanto público, ya que mis cursos son bastante poco numerosos”, nos dirá entre risas. Esa escasez de público en sus clases no le ha restado fuerza y pasión, sensaciones que durante toda la sesión nos dejarán una inolvidable huella de Pilar y por supuesto de Schopenhauer, el genio que ella nos trae de la mano.
Ella nos va a transmitir la figura de un pensador al que lleva más de treinta años estudiando. Nos cuenta como en un mundo dominado por la razón, Schopenhauer será un hijo rebelde de su tiempo, y será considerado el primer filósofo moderno de la historia, iniciando con ello lo que se dará en llamar “la filosofía de la sospecha”.
Es contemporáneo a Hegel, una de las deidades del mundo filosófico moderno, el Brahma de occidente: “todo lo racional es real, y todo lo real es racional”. Hegel significa la culminación del racionalismo, un racionalismo cuasi omnipotente: la razón puede conocerlo todo. Sólo necesita encontrar un buen método.
Además de esto, esta visión lleva implícito un optimismo: este es el mejor de los mundos posibles. Todo cuadra perfectamente. Y todo está bien como está. Todo tiene una razón de ser y todo está justificado y legitimado. El ámbito del ser coincide con el ámbito del “deber ser”.
Él siente en sí mismo y allá donde observa, que su propia esencia está constituida por una sed insaciable, irracional. Lo racional ya no será lo real. El mundo de la ciencia no es más que un engaño. Todo ese orden del que hablara Hegel es pura apariencia.
Así, Schopenhauer establece que la esencia de todo es una voluntad, ciega, irracional e insaciable, una voluntad que percibimos en nuestro propio cuerpo: voluntad de vivir, de ir a más, aspirar, querer, sin saber qué, simplemente querer. Es lo que nos hace ser egoístas, y es la que hace que los objetos caigan al suelo, que los planetas giren, que el universo entero funcione…
¿Por qué sufrimos? Porque queremos. Pero querer implica estar carente de algo. Por eso querer es sufrir. Y en el momento en que obtenemos lo que queremos, aparece algo peor que el querer: el tedio, el aburrimiento. Toda la vida gira en torno al tedio y al sufrimiento.
Para Schopenhauer la fuerza que atrae una piedra es la misma que mueve a los seres humanos, la voluntad, pero en los seres superiores, la razón es algo que la voluntad crea para desarrollar su querer. La inteligencia es un instrumento del querer.
Pero aquí es donde la evolución parece traicionarse a sí misma. La inteligencia de alguna manera consigue escapar a esa voluntad e independizarse de ella, dando lugar a la ética y al arte, las dos únicas salidas a este sufrimiento sin sentido.
El artista, en el momento de la inspiración de alguna manera conecta con la esencia de las cosas, donde esa voluntad ha desaparecido, donde todos los seres son uno… el artista se sale de sí mismo y trasciende. Luego vuelve, y a través de su obra, nos lo muestra, avivando en todos nosotros esa esencia que nos hace salir de nosotros y estar conectados.
La otra manera de liberarse es a través de la ética y la negación de la voluntad (ascetismo y finalmente nihilismo). A través de la compasión, de acompañar al otro en su sufrimiento, de obrar fuera del interés propio, también nos salimos de nosotros mismos y conectamos con nuestra esencia. Rasgamos, como Schopenhauer recogerá de las Upanishad, el velo de maya. Superando la individuación, y viendo que el otro no es un NO-YO, sino que es otro yo. Somos idénticos en la misma esencia.
Sin que los asistentes casi le dejen marcharse, Pilar se levanta recibiendo una ovación de aplausos. Realmente nos ha atrapado en su narración, y el público aun seguirá sediento. Han sido dos horas apasionantes.
El Rincón del Artista
A raíz del visionado se establece un interesante debate, donde entre unos y otros van fluyendo las preguntas que nuestro organizador, Nizaar Vizcaíno plantea:
¿Por qué el arte sólo es válido si es reconocido masivamente?
Los asistentes muestran sus opiniones: la visión que el documental da acerca del arte-espectáculo-globalización, o del arte como algo desinteresado, o cuál es la verdadera función del arte.
“Para mí el arte es el lado espiritual, es lo que te saca la espiritualidad, que te toca, que la vida no es sólo esto…”
“Con el arte se satisfacen necesidades emocionales. En verdad el arte cura, te abre, te libera… y a veces duele”.
Finalmente entre todos llegamos a una serie de conclusiones, y no somos filósofos de libro, sólo la gente de la calle: “el arte termina en sí mismo. El espectáculo está hecho para la gente”.
Review de Guillermo Fernández
Maquetación Nizzar Vizcaino
Fotografía Marta Jimenez
A.C Alcadya
Maquetación Nizzar Vizcaino
Fotografía Marta Jimenez
A.C Alcadya

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada