miércoles, 10 de marzo de 2010

EL AROMA DEL CAFÉ VIII
¿Qué es la Filosofía Romántica?

. miércoles, 10 de marzo de 2010

Nuestro organizador está nervioso… “Tengo… tengo… el inmenso honor… de presentaros a… a… Don… Javier Hernández-Pacheco Sanz”… Catedrático de la facultad de Filosofía, profesor de Corrientes actuales de la Filosofía.

Muchos profesores publican, de todos es sabido. Unos más otros menos. Pero claro, publicar un libro de filosofía, que no sea de divulgación general, y que tenga más de 200 páginas, pues ya es complicado. De hecho imposible. Las editoriales no se arriesgan… a no ser, claro está, que se trate de Don Hernández Pacheco. Con esta anécdota comienza Nizaar, nuestro organizador a presentar al invitado.

Él nos da las gracias porque dice que éste es el público que más se agradece, y que además le recuerda a aquellos “tugurios” de París donde se desarrollaba la filosofía de manos de grandes intelectuales y artistas.

Él nos va a hablar de un tema que a todos nos suena pero que realmente es poco conocido: la filosofía romántica.
El romanticismo es uno de aquellos lugares donde la filosofía toca el suelo, toma tierra.

Ahora pregunta Javier al público: “¿Qué entendéis por romanticismo?”. Un asistente aporta la visión de romanticismo como reacción a la apatía y la frialdad emocional de la época anterior.
Ahora Don Javier nos habla del romanticismo español. Con su penetrante mirada añade, es un romanticismo tardío.

Con el romanticismo ocurre una cosa, que nosotros ahora vemos natural, pero que entonces supuso una revolución cultural. El centro de gravedad pasa de las ciencias, del científico, que es el ideal del intelectual de la época, al artista. Éste será el nuevo intelectual: “el arte al poder”. Por ejemplo, el gran Mozart, durante el neoclásico, en la corte del rey era un criado, un siervo, a pesar de todo su talento. En cambio Beethoven, ya en el romanticismo, es el centro de la cultura vienesa.

¿Vemos al romántico como fracasado de la vida práctica? ¿El que se retira a una torra de marfil literaria?

Esta visión muy poco tiene que ver con el verdadero romanticismo.

Pero vayamos por partes. En una época anterior, Kant dirá que la comprensión fundamental de la realidad se basará en tres ideas básicas: Alma, Mundo y Dios. Cuando YO tengo una comprensión del MUNDO desde el punto de vista de DIOS… Esta frase encierra la esencia de todos los sistemas filosóficos hasta Kant. Pero hay un problema, dirá éste, y es que esta comprensión, para el ser humano, es imposible. No somos un espíritu absoluto. Con esto Kant acaba con la metafísica.

Pero resulta que los osados románticos deciden no hacerle caso. Ellos siguen nada menos que a Espinoza. Éste tiene una Teoría Absoluta de todas las cosas. Espinoza reduce el pensamiento, los objetos y Dios a una sola sustancia: la Sustancia Divina Infinita. Esta sustancia es la Realidad. Todos los objetos físicos son los "modos" de Dios contenidos en el atributo extensión. Es como si ahora todo fuera sagrado, pues todo es de alguna forma Dios, o La Naturaleza.

Pero el ideal de esta nueva razón no es algo realizado. Digamos que la obra de Dios no está terminada, sino que de alguna manera somos nosotros la que tenemos que llevarla a cabo. ¿Cómo lo hacemos? Transformándonos nosotros y transformando el mundo. Así conseguimos ese ideal. De aquí surgen los grandes sistemas filosóficos alemanes. Y una asistente pregunta “¿cómo se transforma el mundo?”… parece que Don Javier va a dedicar el resto de la charla a responder esta “simple” pregunta.

Don Javier entonces empieza a relatar… “Imaginaros que lo que yo pienso de vosotros o lo que yo intento transmitiros va encaminado a producir en vosotros el efecto de que seáis como yo os veo, y no como sois en realidad vosotros. Es decir, que yo con mi charla trato de que el mundo sea según mi idea. Esto no es el mundo del ideal romántico, ése es un mundo horroroso. Es un monstruo… es una falsa idealidad”. Como dirá Swedenborg “los sueños de la razón generan monstruos”. En el mundo ideal del romanticismo hay una identificación con un nosotros. Si intento reproducir el mundo no desde un nosotros, sino desde la particularidad de mis necesidades, eso es… manipulación. Un ejemplo de estos falsos ideales de la razón los vemos en “1984” y “Un mundo feliz”. Lo que nos salvará de esto es el RELATIVISMO: yo tengo una opinión de una cosa, y tú tienes otra opinión. Yo soy un hombre y tú una mujer. Tú eres anciano y yo un niño. Tu del Sur yo del Norte. Y todo es igual de válido.

Pero aquí viene otro problema. Si todo es posible, si todo vale… entonces nada vale. Es el relativismo llevado al extremo. Ahora solo podemos instalarnos en el caos. Sálvese quien pueda. Nadie puede decir nada a nadie. Esto supone la absoluta descomposición de la circunstancialidad de cada uno: la absoluta descomposición de una idea de totalidad.
Vemos así los dos extremos. O todo es según un “ideal” al que todos hemos de someternos o el relativismo puro nos impide construir ningún tipo de realidad compartida.
¿Qué dicen a esto los románticos? Están en el punto de equilibrio. El romántico reinventa.

Antes de ellos, todo encaja, los sistemas filosóficos son perfectos. No vale la pena pensar. Ya se define que es la identidad. Yo no tengo que pensar quien soy.
Pero esto no puede ser así. No se puede pretender decir todas las cosas, un sistema donde todo encaje. Esto en verdad no es real. Así que no engañemos a nadie, pretendiendo que todo siga una lógica. El pensamiento no funciona así.

Muchas veces el pensamiento es incoherente. Esto es lo que los románticos llamarán FRAGMENTACIÓN. ¿Pero qué es un fragmento? En principio, es un trozo. Por ejemplo, como cuando se expolió Roma y Grecia, lo que la gente se trajo no eran fachadas enteras o esculturas del todo enteras. Eran “fragmentos”, pero fragmentos que permiten una “reconstrucción simbólica”.
Un fragmento es algo q aunque roto revela un sentido más allá de sí mismo. ¿Dónde se muestra su sentido? En una totalidad a la que ese fragmento remite. En una totalidad simbólica, y que depende de la mente de los que contemplan el fragmento, de su mente, su imaginación, su memoria, etc.
Por ejemplo ¿donde está la esencia de la poesía? En la metáfora. La metáfora es una forma de decir algo diciendo otra cosa. Es un logos fracturado. “Tus ojos son el mar en el q yo me ahogo”. Esto en sí no tiene lógica, ni hay mar en tus ojos, ni yo me puedo ahogar en ellos. Sin embargo alude a un sentido más allá de lo que dice. Se dice más gracias a la ruptura de la lógica que la metáfora supone.
No es de extrañar que sea en el romanticismo donde se descubre la dignidad de las ruinas. Antes en el vestigio, no había nada respetable. Ahora, después del romanticismo, las ruinas suponen un valor más allá de la lógica. Por ejemplo, La Venus de Milo será el gran icono romántico. Si reconstruyéramos lo que era la Venus, perdemos la libertad de ir más allá de la lógica, de la realidad. Perdemos la capacidad de revivir algo que está a dos mil cien años. Ya no puedo ir a otro mundo. Es la fragmetariedad lo que nos permite dar sentido a una totalidad que va más allá de lo que hay. Una totalidad a la que podemos acceder y en la que podemos vivir.

Nos dirá Don Javier Hernández: “Todos tenemos razón, pero una razón fragmentada. Esto es lo que nos permite vivir en comunidad, compartir y complementarnos”.

No hay una representación adecuada de la realidad. Pero toda representación tiene derecho a representar esa totalidad en la que todos nos podemos reconocer a nosotros mismos. Pero cada uno a su manera.
Otra manera de decirlo: cada cosa es representación “inadecuada” de lo absoluto. Todo tiene derecho a existir siempre que no quiera ser el centro de todo.
Esta es una idea pluralista, sin caer en el relativismo del todo vale. No todo vale. La Venus no vale, tiene un defecto, pero es en su defecto que se hace representativa de la totalidad. La gente con defecto, la gente imperfecta son puertas de realidad. Nuestras imperfecciones, nuestras partes incompletas, son puertas de entrada a la vida. Encontrarnos con ellas y atravesarlas nos abre nuevas dimensiones a nuestra cotidiana existencia. Es lo que nos permite dar un paso hacia una vida diferente.

Esta fragmentariedad práctica, no teórica, es hambre, paro, injusticia, amantes separados… nos compromete. Todo tiene derecho a existir con tal de que desde todo se llegue a un mundo mejor.


Nada más y nada menos que un nuevo sentido de la realidad, y una nueva dimensión en la que situarnos para vivir la vida y ver que otro mundo es posible.
Entre ovaciones, Nizaar despide a Don Javier Hernández Pacheco.



El rincón del artista

LA MATA...Empezamos con ritmo suave, canción del oeste en la lejanía. Casi nos parece que Ennio Morricone entra por la puerta del Platea.
Ahora la atmósfera se transforma y oímos a The Cure en el bajo, “The forest”…
Y con Lola, la cantante negra, tenemos aquí a Luisiana, Nueva Orleans, el más puro estilo sureño norteamericano… navegamos por el Mississippi.

Pero todo el concierto es un cambio de, una vuelta de la imaginación. En una sola canción: cambio de ritmo, te lleva a un lugar, te trae de vuelta… cambio de timbre, cambio de color. Reggae, punk ochentero español,

Reggae de un tema de ellos mismos, tema sobre la inmigración. Tema pausado, casi ralentizado, al más puro estilo jamaicano…y de nuevo un funki-ska-punk ochentero…

De nuevo el The Cure de finales de los 70, “Three imaginary boys”, y en solo un quiebro, de nuevo volvemos a Jamaica.

La música no para de sorprendernos… es tal la imaginación y el repertorio de nuestro grupo.

El tercer tema parece inspirado en la canción de Radio Futura en La Bola de Cristal, pero versión grupo de cuatro voces. Un cantautor insertado en la guitarra de un grupo… “deja que fluya…”, reza el estribillo.

Y en un momento de la noche…Increíble. Regalan cerveza. Esto es el mundo al revés. De repente la realidad deja de seguir su curso, y es el grupo el que invita a cervezas al público, y no al revés.

De nuevo el ambiente se transforma. Ahora estamos con Quico Veneno en sus mejores tiempos. Y de nuevo entramos en otro mundo sonoro. Cada canción es un viaje.

Ahora estamos en un estado policial. La polla records mejorado. Hacen ponerse de pie a todo el público. La gente baila. Y para terminar un heat: “Amor de mofeta”. Chico sol, Chica mofeta.

Más allá de esto todo nos parece nuevo. Un pop comprometido, misión del mundo. Y nos vamos a los clásicos. Ahora una versión de Bob Marley: “We’ll share the shelter”.

Otro regae, con guitarra y punteo sostenido, que acelera y contiene…
el público tararea , resuena a ilegales, y sus canciones más delincuentes , golfas antisistema.

El público pide otra canción, otro bis, y no para de estar animado, el público está que se sale, quiere más. Ha sido demasiado completo.

Y Como dice Hernández Pacheco, esto ha sido sólo un fragmento y gracias a ello aun tenemos la posibilidad de soñar.



Punteo de guitarra al final. Cada uno brilla por sí solo, pero todos juntos y separados, es la magia de La Mata.

Review de Guillermo Fernandez
Maquetación, Nizzar Vizcaíno
Fotografía, Aldara Arias

A.C Alcadya

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