lunes, 14 de diciembre de 2009


El aroma del café III
¿Es posible "entender" el arte de nuestro tiempo?

. lunes, 14 de diciembre de 2009

Empezamos una nueva sesión de Café con Kant. Esta vez vamos a entrar en un mundo para la mayoría desconocido. ¿Seremos capaces de seguir esta senda misteriosa del recóndito arte moderno? Impresionante. Comenzamos con el visionado del corto “Un perro andaluz”. Al terminar el rostro de la concurrencia habla por sí solo. Las miradas, fascinadas, impresionadas, turbadas. Algunos entendidos en la materia, inician un poco al resto de la concurrencia en los misterios de esta obra del surrealismo: los sueños, el deseo, la culpa…

Nuestra invitada se adentra por entre la multitud. La huelga de taxis solo ha servido para hacer crecer aun más la expectación. De nuevo, una narradora de lujo: profesora titular de estética y teoría de las artes en la facultad de filosofía de la universidad de Sevilla, "La experiencia estética y la comprensión artística en la época industrial", es el título de su tesis. Este es solo el inicio de un larguísimo currículum. Viajes, estudios en el extranjero, trabajo con importantes personalidades de la filosofía y el arte de vanguardia...

El aforo está completo. Hay que traer sillas de fuera para dar cabida al interés, a la sed de conocimiento…y comienza la charla.

Isabel empieza por lo sencillo, lo conocido...el arte figurativo o arte realista. Aquí empieza el primer descubrimiento y el primer quiebro mental: habría que decir arte ilusionista o representacional, pues da ilusión de realidad, pero no deja de ser una interpretación de aquello que vemos. Por ejemplo, las pinturas egipcias, nadie diría que no son realistas, sin embargo, la posición simultánea de los pies, el torso y la cabeza es... imposible. Luego ella nos hará ver que esto es lo que hace el arte moderno llevado hasta sus últimas consecuencias, es llevar la "forma" hasta límites más allá de la realidad.


Nuestra invitada no nos pierde de vista en ningún momento. Se pone en nuestro lugar y hace la reflexión que todos llevamos dentro. "El arte moderno... es incomprensible. En el arte representacional, el de toda la vida, puedes ver si hay una manzana, una playa o dos amantes, y decir... qué bien pintado está, porque tenemos un referente con qué compararlo, puedo identificar lo que aparece en el cuadro”. En el arte abstracto no puedes identificar lo que ves... ¿o sí?

Cuando nos enfrentamos al arte abstracto, parece que hacemos como cuando miramos las nubes a ver que forma parece que tienen…Pero el arte abstracto propone una mirada totalmente diferente.

En la antigüedad, arte era sinónimo de belleza. En el siglo XIX esto hace aguas, y en el XX se rompe la armonía. El equilibrio, la armonía de contrarios que encajan maravillosamente bien. Había un canon de belleza, mediante el cual quedaba claro como había que hacer algo que se considerara bello. Por ejemplo, como se pintaban las vírgenes, había que seguir un patrón.

Pero en el siglo XIX ocurre una revolución. Hay un cambio de orientación del objeto estético al sujeto que siente. De lo que se trata ya no es de contemplar el objeto, sino de sentir la experiencia. Pero esto al parecer no es tan sencillo. Pues este siglo XX tan conflictivo y caótico ha producido individuos vacíos, perdidos… y encontrarse con el arte moderno implica encontrarse con uno mismo. Por eso el arte moderno supone una mirada nueva totalmente distinta. Por desgracia, no todo va a ser tan hermoso. Los llamados por Barceló “mirones”, es decir, los espectadores, nos hemos visto desplazados. El espectador retrocede y ese espacio lo ocupa la crítica o la galería de arte. Nos hemos sentido inseguros. Y los críticos y las galerías se encargan de decidir lo que es bueno y lo que es malo, lo que es arte y lo que no. No somos los espectadores los que hacemos la crítica.

Y en la sala, cuando parece que todo nuestro mundo se ha vuelto “estética”, nuestra invitada trae de nuevo la filosofía con toda su fuerza, por supuesto, de la mano de Kant. Éste se acerca al sentido común, o mejor, al común sentir de la gente. Es guiados por este filósofo especial que las personas normales podemos volver a recuperar nuestra posición frente a este arte en apariencia incomprensible. Para Kant es como si en el fondo hubiera algo sagrado, grande, divino, especial, y el artista que es capaz de sacar eso a la luz, es un genio, porque además hace que todos conectemos con ello, y lo extrae para todos en todos los momentos de la historia y a todos los individuos de todas las culturas. Es lo que Gurdjieff llamaría Arte Objetivo. Pues bien, Kant parece que da con las reglas, o con las condiciones que determinan que un arte sea Arte Objetivo

Para que mi juicio pueda ser compartido, no puede estar basado en el interés personalnadie puede juzgar por otro, cada uno tiene que hacer su juicio estético son algunas de las joyas extraídas por nuestra invitada de este genio de la filosofía.


Pieta Rondanini: el cristo sin acabar de Miguel Ángel. Aquí consigo la expresividad que yo quería, afirmará acerca de esta obra.

Al final de su vida, el artista se queda con los elementos más sustanciales. ¿Por qué la Pieta Rondanini esta acabada así? Esta obra supone la destilación de toda una vida: hago lo máximo de expresión con lo mínimo. El avanzar a esa sustancialidad, al igual que nos pasa a las personas a lo largo de la vida, es lo que le ha pasado al arte moderno.


Miró afirmará “me ha costado toda una vida llegar a pintar como un niño”.

El arte contemporáneo nace de un proceso de búsqueda de lo esencial. El arte contemporáneo intenta liberar la mirada, para dejar que ese arte llegue a nuestro corazón y nuestro espíritu. La obra tiene que funcionar como la música, encontrarnos, subirnos, bajarnos. Esos colores tienen que encantarnos, activarnos la sensibilidad

Nuestra invitada pasa de estar sentada con los codos en las rodillas a levantarse, andar por la tarima, con un té en la mano y finalmente un cigarrillo en la otra.

Se explaya en sus explicaciones. Las vive, le encantan y nos encanta, parece una sacerdotisa revelando los misterios de la diosa, descubriéndonos al entendimiento.


Nos cuenta la anécdota de la escultura de la araña gigante: algo en principio apabullante, sobre todo para Isabel que tenía fobia a las arañas… una vez debajo de sus patas se siente protegida, una sensación maternal la envuelve. Cuando se va ve el título de la obra: “madre”. Desde entonces ha perdido su miedo a las arañas.

Una a una van desfilando por la pantallas pinturas y esculturas, extrañas, distintas, inquietantes… y una a una ella nos va desvelando los misterios que se esconden en ellas.


Un ejemplo magnífico: Rothko. Uno de sus cuadros son tres trazos horizontales, en amarillo y rojo, similar a la bandera española. Alguien del público dice, mostrando lo que más de uno en ese momento llevamos dentro, que por qué eso que puede hacer un niño pequeño es una obra de arte. Pero esa simplicidad es solo aparente. Isabel nos invita a observar el cuadro con detenimiento. Y poco a poco, algo sucede, algo cambia… de los rojos empiezan a surgir matices, ya no es tan claro que sólo hay amarillo y rojo… de repente uno tiene la sensación de que penetra en el cuadro, y empieza a profundizar en él capa tras capa, como si se fuera metiendo dentro. Después de eso, ya nada es igual que antes.

El arte moderno rompe con la mirada distraída. Tienes que pararte, contemplar y ver la obra, dialogar con ella.

Cuando el mundo es más incomprensible, nuestro arte es más abstracto. Tenemos a veces la sensación de fragmento, de inabarcable. Esto se expresa mejor con el arte de nuestro tiempo.

Finalmente, y ya pasadísimos de hora, pues nadie ha consentido en permitirla terminar antes, nuestra invitada se despide envuelta en un fervoroso aplauso. El local está abarrotado. Después de esto, ya no somos los mismos.

El café solo...


"Cuando hablamos de arte contemporaneo el juicio estético es el placer o no placer que siente el sujeto ante algo"



Mª Isabel ramirez Luque, invitada de la sesión







Review de
Guillermo Fernández

A.C Alcadya

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